LA PREFABRICACIÓN EN EL SIGLO XXI.

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En publicaciones como Refabricating Architecture de Stephen Kieran y James Timberlake, o Prefab Architecture de Ryan E Smith se describen las últimas tendencias en tecnología de la construcción y su estudio resulta de gran interés para quien este interesado en métodos de gestión como el Integrated Project Delivery, la Prefabricación por Componentes, y el software BIM como herramienta informática que permite la coordinación de todos los agentes intervinientes y la optimización en el uso de recursos y procesos.

Superados los sistemas cerrados de prefabricación, el presente y el futuro se centran en la Prefabricación Abierta y en la Prefabricación por Componentes, siguiendo metodologías de trabajo ampliamente utilizadas en sectores como el del automóvil o el aeronáutico y cuya utilidad ya ha quedado demostrada tras años de desarrollo.

Entre ambas recomiendo especialmente la primera que se centra en cómo se construyen edificios con calidades y prestaciones acordes al desarrollo tecnológico alcanzado en el presente siglo XXI, unas prestaciones que implican inevitablemente un mayor protagonismo de las instalaciones y la eficiencia energética, y que únicamente pueden llegar a buen término construyéndose por módulos en un entorno industrializado y ensamblándose in situ en el inmueble durante su construcción.

Un sector como el del automóvil hace décadas que dejo de industrializar con el único objeto de ser competitivo en lo referente a los costes de producción y a poder generar un producto asequible para las masas, superada la época de Henry Ford y su cadena de montaje ideada para competir con los talleres que fabricaban los primeros automóviles, el objeto de la industrialización por módulos y componentes es el crear un producto final con una calidad y unas prestaciones que serían inconcebibles en las primeras cadenas de montaje del Ford T.

Hoy en día en plantas de ensamblado como la de Volkswagen en Tennessee se reciben componentes fabricados en lugares como Estados Unidos, Sudamérica, Europa o Japón y sobre el chasis del vehículo comienzan a ensamblarse unos con otros hasta obtenerse un producto fina,l que dista mucho del que se obtenía en la fábrica de Ford en Detroit en las que entraba el acero en bruto desde el río, se fundía en una fundición propia, se fabricaban todas las piezas y finalmente se ensamblaban para salir en marcha los vehículos.

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El itinerario evolutivo que ha seguido el sector del automóvil, del taller artesano de Karl Benz a la cadena de ensamblado de componentes es muy similar al que ya se atisba en el sector de la construcción, donde de los sistemas de construcción tradicionales que precisan gran cantidad de mano de obra barata y de los que se obtienen resultados claramente mejorables, no han terminado de ser sustituidos por sistemas industrializados cuando ya se inicia el periodo en el que los constructores serán en gran medida ensambladores.

En el presente siglo al aumentar el protagonismo de las instalaciones con el objeto de obtener mejores prestaciones, se hará realidad la célebre frase de Le Corbusier “La vivienda es una máquina de vivir”, concepto que no fue comprendido en su momento y que el Arquitecto Rafael Leoz, amigo de Le Corbusier, explicó en su totalidad en su libro “Redes y Ritmos Espaciales” La vivienda deberá ser siempre una máquina de vivir; pero de vivir hombres, y después del revulsivo necesario que fue el racionalismo, y una vez se hayan serenado los espíritus, pensamos ahora que el hombre es una criatura con espíritu y que la Arquitectura es algo más que una simple técnica constructiva.

El desarrollo tecnológico implica una mayor dotación de instalaciones en los edificios y el encarecimiento constante de los costes energéticos desde la primera crisis del petróleo en año 1973 implican un cambio de paradigma en la razón de ser en el empleo de la prefabricación, dejando a un lado el competir en costes con la construcción tradicional, considerando únicamente los costes asociados al proceso constructivo y que finalizan con la entrega de llaves al cliente, para considerar la prefabricación como única vía con la que obtener unas prestaciones superiores y un ahorro global considerable, teniendo en cuenta los menores costes energéticos y de mantenimiento durante la vida útil del inmueble, e incluso las mejoras en la productividad en sus usuarios si hablamos de centros de trabajo.

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Ambos libros, que resultan de gran interés, se centran en este tipo de edificios en los que los costes, la eficiencia energética y el mantenimiento cobran una importancia de primer orden, pero se echa de menos una reflexión más profunda de las razones y el por qué del retraso tecnológico en el sector de la construcción y una visión más global del problema de la vivienda en el mundo.

En estas cuestiones resulta de gran interés y en muchos momentos de rabiosa actualidad el libro “Arquitectura y Represión” escrito en el año 1971 por José Antonio Fernández Ordoñez, Julián Salas, Salvador Pérez Arroyo, Juan Francisco López Baillo, Miguel Aguiló y Federico Echevarría, en el que se entrevista a las figuras más notables en su tiempo como Jean Prouvé, Rafael Leoz, Marcel Lods, Paul Chemetov o Anthony Vilar entre otros.

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En lo relativo a la visión global con la que ha de afrontarse el presente de la construcción se debe considerar a mi juicio que más allá del virtuosismo de las grandes infraestructuras en el primer mundo, o edificios de altas prestaciones en los que la eficiencia energética y el control de los costes de mantenimiento son necesidades primordiales, todavía existen para nuestro sonrojo 40 millones de refugiados, 160 millones de personas sin techo, 400 millones sin vivienda y unos 924 millones en los denominados Tugurios y viviendas precarias, con diferentes necesidades, entornos y circunstancias.

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Dependiendo de cada entorno y circunstancia la construcción tradicional e incluso vernácula, empleando de forma masiva la mano de obra barata continua siendo una solución aceptable, al igual que los sistemas prefabricados de bajo coste entre los que hay sistemas extraordinarios como el Sandino en Cuba, el Sancocho en Venezuela o iniciativas extraordinarias como las desarrolladas en Argentina por el CEVE o en Ecuador por los jesuitas en Guayaquil, de los que más pronto que tarde habré de tratar en este blog.

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